jueves, 5 de junio de 2014

El gol del Chango Cárdenas



Días atrás expresé mi opinión acerca de la “nueva generación” de árbitros. Jóvenes…. talentosos…. dedicados…. “internacionalmente” tunneados, pero en ocasiones…. vanidosos.
Hoy me cruzo de vereda, relatando actitudes que observo (y me observo) de la “vieja guardia”, de la que me siento parte (aunque me tiña el pelo para disimularlo). Esos modelos que debiéramos ser y que por momentos el Narciso no nos deja, nos opaca y nos limita.
Muchos árbitros de esa “vieja guardia” hoy ya estamos al frente de lugares de conducción. Tratando de no repetir patrones vencidos o liderazgos cuasi monárquicos cercanos a la abdicación de Juan Carlos.
Lugares que muchas veces no dejamos compartir con personas capaces e idóneas, demostrando una preocupante inseguridad, por temor a ser desplazados del sillón calentito que en muchas ocasiones ya desplazó a la pasión.
Y allá vamos…
Siempre recordando nuestras guerras heroicas y batallas triunfales, mostrando presas cual ciervo en la pared. A veces “despreciando” a los jóvenes que, por el simple hecho de ser jóvenes (des) calificamos muchas veces sin razón y otras con pocas razones…siempre contraponiéndonos.
Y seguimos yendo…
Comparándonos y conteniendo en un asfixiante silencio que nosotros fuimos superiores, cien veces, mil,   que todo nos costó más. Que transpiramos sangre, sudor y lágrimas, y no perfume francés en frascos “regalados” o  pagados en cómodas cuotas.
Y acá estamos… creyendo que todo tiempo pasado fue mejor.

Espero, ruego y sigo creyendo que nosotros, la vieja generación de árbitros, nueva generación de conductores estemos a la altura, y que podamos ser lo suficientemente honestos y capaces de generar y potenciar a los “nuevos” desafiantes árbitros talentosos. Premiando y castigando por merecimientos, capacidades, sacrificios y dedicación.
Trabajando. Generando espacios en beneficio y progreso de los árbitros, y no del “asentamiento”  en lugares de poder. Que los discursos florecientes, renovadores y por décadas esperanzadoras se transformen en resultados visibles, en un marco de unión, capacidad, idoneidad y liderazgo genuino y consensuado.
Porque es necesario e indispensable saber hasta donde podemos y queremos dar. 
Valorando y comprometiéndonos con los jóvenes árbitros. Respetando sus individualidades, realidades…e historias. Sin comparaciones. Guardando definitivamente en un cajón nuestro palmarés, que por bueno o excelente que haya sido, ya huele a naftalina.


Thedy Adjemian


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