martes, 26 de abril de 2011

El Prendemechas


Vemos a diario reclamos de todo tipo:

Sindicales
Estudiantiles
Vecinos
Docentes
Comunitarios
Etc
Etc

Y vemos como los que reclaman obtienen mayores réditos y beneficios de los que pasiva y silenciosamente “trabajan” obedeciendo las normas y reglas de convivencia que impone el Estado y la Sociedad.
Vemos cortes de calles obstaculizando el paso de trabajadores, peatones, turistas… personas, seres humanos al fin. Observamos huelgas de transporte que dejan parte de la población paralizada con dificultades de desplazamiento, perturbando el normal desarrollo de las actividades.
Generalmente observamos como  los “conflictivos” obtienen beneficios… y vemos como estas realidades socio-políticas pueden adaptarse perfectamente a otras realidades, en este caso a nuestro mundo deportivo.
Cuántas veces hemos visto a jugadores “prendemechas” que con protestas, actos de indisciplina y gestos de disconformismo obtienen ventajas por encima del jugador “obediente” que cumple y respeta  las normas y reglas de juego. ¿Porque no podemos (cuál Estado y Sociedad) ser justos sin contemplaciones ni “perdones” a los que complican el desarrollo de un partido? ¿Por qué si lo detectamos, no accionamos?
Así, es que el “prendemechas” va tirando poco a poco “bombas” de diferente tamaño a lo largo del juego, provocando focos de incendios que a veces no podemos apagar.
Dejo abierta la inquietud....
Si seguimos tolerando con beneficios y “planes sociales” a los que protestan cortando calles prendiendo mechas incendiarias, o si apagamos de entrada cualquier intento de “reclamo y conducta desestabilizadora” protegiendo al trabajador y ser humano al fin que quiere circular  por su “partido” con las normas de convivencia que impone para TODOS el Reglamento de Juego.

Kit de herramientas


“No pretendas apagar un incendio con fuego, ni con agua una inundación” Confusio


Cada partido presenta distintos niveles de dificultad, no importa si fuera la final del Mundo, la segunda fecha del partido de la liga local  o la primera fecha del torneo interescolar.
Los árbitros deben estar preparados desde el primer segundo del partido (hasta el último) para “leer” los mensajes y estrategias que pretenden implementar los distintos actores del partido. Una mala interpretación significará dificultades a la hora de conducir el partido.
Una vez Ramón Gallego (miembro de la Comisión Arbitral de la IHF) en una de sus excelentes charlas durante un Juego Panamericano expresaba la siguiente idea: Cuando un árbitro se está cambiando debe colocar en su pantalón distintas herramientas. Si los jugadores quieren dormir en un partido, saquen del bolsillo de sus “shorts” una almohada. Si quieren una guerra saquen de sus bolsillos un fúsil y una granada, si quieren correr, saquen los patines y si quieren  rezar, saquen una cruz.

Tal como si tuviéramos un pantalón “cargo” deberíamos llevar cientos de herramienta en los bolsillos según el paladar de los jugadores. El uso adecuando de las mismas nos facilitará enormemente la tarea de conducción.


“No pretendas apagar un incendio con fuego, ni con agua una inundación”…
Ni con una almohada una acción violenta…ni con un fúsil un simple lateral.

¿Autoridad ?


Estamos en presencia de una sociedad diferente, por momentos aturdida, por momentos complicada. Sociedad con problemas socio-económicos que repercuten en las personas, en las familias, en el deporte.
Sabemos que no es tarea sencilla convivir en un partido no solo con las Reglas de Juego (y sus modificaciones) sino también con esta sociedad representada por adolescencias demandantes, padres que con razones o no expresan con vehemencia disconformismos contagiosos, con dirigentes fanatizados… con el público en general.
Estamos presenciando situaciones que requieren profundos análisis, dónde cada uno de los actores deberá buscar su verdadero rol, dentro y fuera del terreno de juego en beneficio de un espectáculo de mayor calidad.
En este caso trataremos de analizar algunos aspectos que hacen al rol del árbitro, sus componentes, sus convivencias y actitudes. Fundamentalmente analizarlo desde el rol de autoridad bien entendida y quizás tan descreída y desconfiada por la sociedad al punto de poner siempre en duda cada palabra, hecho o decisión sea en el terreno deportivo, social o político.
Esta autoridad (arbitral) desprestigiada por falencias estructurales, por falta de apoyo dirigencial, principalmente por propios errores.
Esta autoridad es la que deberíamos debatir, sin ella será difícil llevar adelante un partido. Sin distinción de funciones daremos lugar a simetrías donde lo único que haremos es confundir y perturbar los lugares/roles dentro del campo de juego (y fuera de él).
El árbitro debe ser la autoridad… una inteligente autoridad, construyéndola desde el primer día de recibir la graduación. Manteniendo una asimetría con el resto de los actores, ya que deberá decidir por si solo (y su compañero) imparcialmente las acciones/ sanciones del juego, determinando el desarrollo del mismo.
Debiéramos entender que la función del árbitro no comienza dentro de los 40 x 20. Debemos comportarnos como tal manteniendo una distancia prudencial…siempre. Se es árbitro las 24 horas del día, de todos los días. Se debe pensar como árbitro, respirar como tal y actuar siempre profesionalmente (más allá de las retribuciones económicas). Se necesita prepararse física y mentalmente, capacitarse por propia voluntad sin complacencias ni demostraciones para “quedar bien”, manteniendo un bajo perfil que no debiera modificarse a medida que los objetivos nacionales e internacionales se vayan logrando.
El presente 2.0 también tiene sus influenciaas. Es complicado (facebook mediante) abrir la vida personal a los jugadores, técnicos, público o dirigentes y luego durante 60 minutos querer artísticamente mantener una distancia confusa. Es complicado para todos compartir chats, salidas, muros, cafés o ser acercado por padres, dirigentes o jugadores a los partidos, y después silbato y tarjeta por medio “ocultar” esas relaciones cuasi amistosas.
No es intención aislar al árbitro de su entorno, eso es lo peor que podría pasar, pero debemos mantener esa distancia prudencial para poder tomar decisiones sin presiones o compromisos inconscientes que puedan perturbarnos.
Es muy positivo que los árbitros vean partidos, observen microscópicamente los pasos, foules de ataque o descalificaciones, pero antes deberíamos reafirmar nuestro ROL DE AUTORIDAD. Sin ella nada (o casi nada) será respetado, entendido, legitimado o creído.
Vivimos en una sociedad que va mutando constantemente. Sociedad que toma al adolescente como modelo a seguir, atribuyéndole un lugar vanguardista que todos queremos imitar. Padres que quieren parecerse a sus hijos, jugadores experimentados que quieren ser “juveniles”, árbitros que quieren parecerse a jugadores, mimetizándose por momentos dentro del campo de juego…. y desgraciadamente fuera.
Cada uno tiene funciones diferentes, roles diferentes y ese será el desafío a lograr.
Los excesos de confianza alteran y confunden. Hay lugares que debemos preservar, cuidar, respetar… y no publicar.
Cuando todos entendamos (principalmente los árbitros) el verdadero significado de la palabra ÁRBITRO será cuando podamos empezar a construir nuestra verdadera autoridad haciéndonos cargo de los errores..sin tercerizar responsabilidades

Zona de Cambios…. Entre el olvido y el perdón


Dentro de un partido se juegan varios partidos:
El partido principal.
El que juegan los defensores con el circulador.
El que juegan los extremos.
El que juega el arquero.
El que juega el público.
El que juega el banco de suplentes; entre otros muchos más y que van variando de acuerdo al desarrollo del partido.
A todos debemos estar atentos…muy atentos. Son varios “partidos”  dentro de uno principal y cualquiera de ellos puede modificar (enturbiar) el desarrollo de los “otros”.
Hoy nos referiremos al que se juega en la zona de cambios y como en muchas oportunidades el mismo puede desencarrilar un juego “normal y tranquilo”.
Hemos observado varios tipos de acciones que ejercen distintos árbitros, que van desde la abstracción total del banco de suplentes (como si no existiera) hasta la microscópica visión al punto tal de dejar en segundo plano el “partido principal”.
Vemos como ampulosos gestos y protestas son ignoradas y vemos en otros casos como “pestaneos de ojos”  suponen homicidios culposos con intento de violación …sancionados quirúrgicamente.
Debemos controlar la zona de cambios. Ser coherentes en el accionar. No podemos sancionar con vehemencia al responsable/ auxiliares/ suplentes en los primeros minutos y después olvidarnos de su existencia. No podemos acordarnos que existía un banco de reserva faltando una milésima de segundo cuando durante el desarrollo del partido hubieron varias situaciones de sanción progresiva y que controladas nos llevarían a un final mas tranquilo.
Debemos ser cuidadosos y (vuelvo a repetir) coherentes. Y es esta coherencia la que  marcará la importancia para lograr una adecuada conducción del partido. Siendo firmes desde que ingresamos al estadio hasta que nos retiramos del mismo, controlando, sin exageraciones, sin persecuciones y sin omisiones.

Lo esencial es visible a los ojos


Con este no se puede hablar…ni mirarlo a los ojos.
Ese mete miedo.
Con este te hacés una fiesta.
Con ese podés hablar mucho, lo manejás como querés.
Cuidado con este que es muy recto.
Ese cuando dirige partidos femeninos se “desconcentra” con facilidad.
Ese es amigo de todos, hablale como si fuera un jugador mas.
Tené cuidado, este cumple el reglamento a rajatablas.
Hablale al armenio  porque el otro es tremendo (autobiografía)


No hay dudas que desde el ingreso del árbitro al partido (o desde la publicación de las designaciones)  entre los jugadores y responsables comienzan a tejerse estrategias de obediencia o desobediencia debida tratando de sacar rédito (o no) de la autoridad designada.
Sabemos por vivencia y experiencia que los mismos tienen asignado un juicio (o prejuicio) sobre el perfil de los árbitros y entre ellos se conversan y sugieren el como relacionarse durante el juego.
Ejemplos hemos enumerado al principio de este artículo y no hay en el Reglamento de juego (ni reglamento de la psicología) a la que podamos indicar como  correcta.
Cada árbitro es un transmisor:
De seguridades, inseguridades, miedos, firmezas, credibilidades, profesionalismos, soberbias, fortalezas y debilidades, entre otros, y muchas veces los jugadores y responsables (también público) no nos ven como nosotros creemos y estamos convencidos de ser.
Sería interesante saber como nos ve el mundo y cuantos kilómetros de distancia o no hay con nuestra realidad.
Dejo este artículo de opinión abierto para que podamos reflexionar sobre “el como nos ven y el como creemos que somos”
A veces y a diferencia de lo que expresaba Antoine Saint Exuperie “lo esencial es VISIBLE a los ojos”.



Alguna vez un árbitro de rugby comentó en una charla que el mejor árbitro de ese deporte era un escocés. Todos coincidían en su excelencia técnica pero tenía  conductas soberbias que en muchas ocasiones le trajo aparejado inconvenientes en el desarrollo de  partidos. Convencido del problema el árbitro se asesoró con un profesional de imagen. Allí le  sugirieron que modificara algunos puntos de su  aspecto  exterior (afeitarse los “militarezcos” bigotes, dejar de utilizar gel en el peinado setentoso, no marcar ciertas sanciones con el dedo índice “acusador” ) entre otros.
Tiempo después tomando estas sugerencias (además de su riqueza técnica) observó como partido tras partido los jugadores fueron aceptándolo cada vez más, sintiéndose mas cómodo y cercano de su mirada.
Sería interesante saber si cada uno de nosotros tenemos algún “bigote o dedo acusdor” que no podemos ver y tratar de corregir y modificarlo en beneficio de una mejor convivencia con los diferentes actores

El lenguaje corporal


Generalmente cada uno de nosotros transmitimos mensajes de diferentes maneras y que cada receptor analizará según su interpretación.
Nuestra forma de hablar, nuestros gestos, nuestras expresiones, nuestras posturas, todo trae consigo un claro mensaje y todo mensaje trae un significado.
Cuantas veces hemos estado con personas que nos transmiten paz, nervios, seguridad, ira o calma.
Cuantas veces hemos visto actuaciones arbitrales que reflejan todo esto. Muchas veces interpretada por la toma de decisiones acerca de una o diferentes jugadas y muchas otras por apariencias e imágenes exteriores que nos demuestran diferentes conductas.

Cada gesto, cada postura…todo es indicador de algo.
Cuantas veces (mas allá de la experiencia) hemos observado árbitros que con su tranquilidad y firmeza encausan partidos complicados y cuantas veces con soberbia y displicencia desencarrilan partidos con desarrollos normales.

Desde  formas de peinarse.
Desde formas de pararse.
Desde formas de caminar y correr.
Desde mano/s en la cintura (cuál desprecio o subestimación) hasta la máxima concentración en partidos con desarrollos poco atractivos (y con mucha diferencia de gol).
Desde gestoformas apáticas.
Desde formas de desplazamientos en el terreno de juego.
Desde formas de sancionar progresivamente
Desde miradas…desde la coordinación en nuestros brazos.
Desde el color del reloj…desde la vestimenta (también antes del partido).

Todo nos indica algo.
Todo nos transmite algo.

Como dice una conocida canción: “solo es una cuestión de actitud”. Y en cada una de ellas se reflejará la manera seria y profesional de conducir un partido.