lunes, 7 de enero de 2013

Antón Pirulero



Muchas veces pregoné desde este espacio cuáles eran (son) los límites “estipulados” respecto al rol del árbitro, dentro y fuera de la cancha.
Cuáles son sus deberes y obligaciones, cuáles son sus derechos, cuáles son los límites éticos, estéticos y cuáles podrían ser sus “recreos”.
Entiendo el paso del tiempo, las tendencias de las “nuevas generaciones”, la mutación del rol de autoridad y el cambio de imagen y estilo a medida que pasan y transcurren los años.
Entiendo, comprendo, me adapto, convivo y pretendo reflexión, debate y ¿replanteo? si fuera necesario.
Desde el comportamiento de los árbitros (dentro y fuera de los 40x20).
Desde la pertinencia de la diversidad de funciones (árbitros/ jugadores, árbitros/ técnicos, árbitros/ etc.)….
Desde las opiniones (e intercambio de opiniones) extra arbitrales vertidas en diferentes ámbitos (sea twitter, facebook, chats, foros,  radios, etc. etc.).
Desde politizar la carrera…
Siempre fui un convencido que cada actor debe (y tiene) que ocupar su lugar, el lugar que mejor sabe hacer….”SU LUGAR”.
Los jugadores deben jugar…
Los periodistas deben opinar…
Los dirigentes deben gestionar…
Los árbitros deben dirigir…

Obviamente cada uno tiene derecho de hacer y deshacer como quiera su vida y carrera, pero creo inmensamente positivo (y hablo exclusivamente de los árbitros que es el tema que personalmente me interesa) que forjen su destino, concentrados y abocados exclusivamente a su carrera dentro del deporte. Cualquier tipo de “convivencia” del rol arbitral con otros roles creo que debilita su futuro, no hablo de aislamiento, solo de convivencia…con límites.

Antón, antón,  antón pirulero,
Cada cuál, cada cuál atiende su juego,
Y el que no, y el que no………………….una prenda tendrá.




Thedy Adjemian

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