martes, 26 de abril de 2011

Lo esencial es visible a los ojos


Con este no se puede hablar…ni mirarlo a los ojos.
Ese mete miedo.
Con este te hacés una fiesta.
Con ese podés hablar mucho, lo manejás como querés.
Cuidado con este que es muy recto.
Ese cuando dirige partidos femeninos se “desconcentra” con facilidad.
Ese es amigo de todos, hablale como si fuera un jugador mas.
Tené cuidado, este cumple el reglamento a rajatablas.
Hablale al armenio  porque el otro es tremendo (autobiografía)


No hay dudas que desde el ingreso del árbitro al partido (o desde la publicación de las designaciones)  entre los jugadores y responsables comienzan a tejerse estrategias de obediencia o desobediencia debida tratando de sacar rédito (o no) de la autoridad designada.
Sabemos por vivencia y experiencia que los mismos tienen asignado un juicio (o prejuicio) sobre el perfil de los árbitros y entre ellos se conversan y sugieren el como relacionarse durante el juego.
Ejemplos hemos enumerado al principio de este artículo y no hay en el Reglamento de juego (ni reglamento de la psicología) a la que podamos indicar como  correcta.
Cada árbitro es un transmisor:
De seguridades, inseguridades, miedos, firmezas, credibilidades, profesionalismos, soberbias, fortalezas y debilidades, entre otros, y muchas veces los jugadores y responsables (también público) no nos ven como nosotros creemos y estamos convencidos de ser.
Sería interesante saber como nos ve el mundo y cuantos kilómetros de distancia o no hay con nuestra realidad.
Dejo este artículo de opinión abierto para que podamos reflexionar sobre “el como nos ven y el como creemos que somos”
A veces y a diferencia de lo que expresaba Antoine Saint Exuperie “lo esencial es VISIBLE a los ojos”.



Alguna vez un árbitro de rugby comentó en una charla que el mejor árbitro de ese deporte era un escocés. Todos coincidían en su excelencia técnica pero tenía  conductas soberbias que en muchas ocasiones le trajo aparejado inconvenientes en el desarrollo de  partidos. Convencido del problema el árbitro se asesoró con un profesional de imagen. Allí le  sugirieron que modificara algunos puntos de su  aspecto  exterior (afeitarse los “militarezcos” bigotes, dejar de utilizar gel en el peinado setentoso, no marcar ciertas sanciones con el dedo índice “acusador” ) entre otros.
Tiempo después tomando estas sugerencias (además de su riqueza técnica) observó como partido tras partido los jugadores fueron aceptándolo cada vez más, sintiéndose mas cómodo y cercano de su mirada.
Sería interesante saber si cada uno de nosotros tenemos algún “bigote o dedo acusdor” que no podemos ver y tratar de corregir y modificarlo en beneficio de una mejor convivencia con los diferentes actores

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